Thursday, September 21, 2017

EDITORIAL: Cuando los líderes fallan

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EDITORIAL: Cuando los líderes fallan

NOTA DEL EDITOR: La columna First-Person (De primera mano) es parte de la edición de hoy de BP en español. Para ver historias adicionales, vaya a http://ift.tt/NdButa.

SPRINGFIELD, Tenn. (BP) -- Los líderes del reino están llamados a proveer el liderazgo necesario y adecuado al pueblo de Dios. Estos proveen inspiración a los creyentes. Les animan y desafían a obedecer al Maestro. Dios usa a personas para liderar a su grey. La responsabilidad de aquellos que están en posiciones de liderazgo no siempre se traduce en un liderazgo profético y de acción. Todos los líderes en algún momento fallamos. No somos perfectos.

La Biblia ofrece múltiples ejemplos de hombres y mujeres a quienes Dios colocó en situaciones y oportunidades estratégicas para influenciar en los asuntos de este mundo. Unos aprovecharon estas oportunidades. Otros no lo hicieron. Las consecuencias de un liderazgo pobre se hacen sentir cuando estos fallan en liderar adecuadamente. Algunas razones por la que esto ocurre son la carencia de planificación, la falta de experiencia, la terquedad, la carencia de visión y el orgullo. Desafortunadamente, esto sucede mucho más frecuente de lo que estamos dispuestos a admitir, especialmente cuando se trata de nosotros mismos.

La falta de liderazgo espiritual en el hogar, la iglesia local y la comunidad tiene un impacto notable en los quehaceres diarios. Fallar en liderar puede convertirse en un hábito. Esto deteriora la situación, debilita los músculos de quienes tratan de ejercer un liderazgo y hace mucho más difícil la tarea de avanzar hacia el futuro. Las consecuencias de un liderazgo pobre varían según la situación. Los líderes debemos percatarnos que cuando las circunstancias cambian drásticamente, el fallar en liderar a través de los cambios puede ser catastrófico.

Pero, ¿qué sucede cuando los líderes no lideran? ¿Qué hacemos? ¿Cómo nos conducimos? El hecho de que suframos debido a los errores de otros o por nuestras propias equivocaciones no quiere decir que no podemos hacer nada o aprender de ello. Quisiera compartir cinco cosas que podemos hacer cuando esto sucede:

1. Guarde su corazón. Comience orando por el líder que ha fallado y por la situación en que se encuentra. Este puede ser usted mismo. Ore. Pídale a Dios perdón y discernimiento. Trate de entender la situación. No tenga miedo de hacer preguntas y pedir clarificación. Lo importante aquí es mantenerse con un espíritu de humildad y mansedumbre. Evite el cinismo y la chismografía. Ore pidiendo ser parte de la solución y no crear un caos más grande. Muchas veces no podemos controlar las circunstancias externas, pero si podemos guardar nuestro corazón. Proverbios 1:7 dice: "El temor del Señor es el principio de la sabiduría; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción."

2. Sea paciente. Vivimos en una cultura que está continuamente buscando chivos expiatorios a quienes echarle la culpa. Nos fascina preguntar y "¿de quién es la culpa?". Necesitamos pedirle a Dios el fruto del Espíritu: paciencia. Esto implica tratar de ponernos en los zapatos del líder e intentar entender su comportamiento. Indagar acerca de su motivación para su conducta es clave en este proceso. Debido a que todos en algún momento nos equivocamos, podemos demostrar gracia y misericordia hacia otros cuando fallan. Cuidado en hundirnos en un mar de quejas o arenas movedizas. Debemos estar listos para perdonar, pedir perdón y avanzar hacia tierra firme a fin de dar paso a la esperanza.

3. Sea diligente. Ante situaciones de crisis y falta de liderazgo no podemos cruzar los brazos y quedarnos sin hacer nada. Una respuesta muy común al liderazgo pobre es desentendernos de nuestras responsabilidades y colgar los guantes. En otras palabras, nos damos por vencido. Decimos como la película: Allí está "Lo que el viento se llevó." Es un error rendirnos ante el caos. Debemos rechazar esta actitud. Es precisamente en estos momentos cuando necesitamos mantenernos más enfocados y trabajar más fervientemente aún si otros no ven el beneficio de ello. Nehemías y Jeremías podrían contarnos varias historias de lo que significa mantenerse enfocado en medio de un huracán. Debemos hacer un análisis de lo que se necesita, observar las flaquezas del liderazgo y ver cómo podemos ayudar. Somos responsables de nuestra actitud y disposición de ayudar. El que tengamos líderes que no respondan adecuadamente no es una excusa para ser flojos, indiferentes o cínicos.

4. Sea honesto. La Biblia nos exhorta a ponernos el cinturón de la verdad. Decir la verdad en amor y aunque duela es algo que no podemos pasar por alto. En lo posible, sostener una conversación abierta acerca de la falla existente es saludable. Debemos estar dispuestos a hacer preguntas precisas de forma clara y sin tratar de echarle la culpa a otros. En mi humilde experiencia, el conversar acerca de situaciones difíciles que requieren atención es parte de animar al liderazgo a tomar las riendas y buscar una solución adecuada.

5. Aprenda. Saque provecho a las experiencias negativas de otros y/o aprenda de su propia miseria. Busque discernir los tiempos y las circunstancias. Saque lecciones de las crisis y deje que estas le hagan un mejor líder. Exprima sus tormentas. Aprender de otros y evitar caer en los mismos errores que otros cometen es sabio. La clave es seguir adelante y enfocado en soluciones, no excusas. Para esto es indispensable mirar hacia atrás, recoger los pedazos rotos y dejar a Dios hacer una nueva obra de las experiencias vividas. No desperdicie su tiempo quedándose estancado en el pasado. La forma en que respondemos a las fallas de otros líderes nos da la oportunidad de establecer un ejemplo para otros que nos rodean. El camino de cada líder está enmarcado por experiencias positivas y negativas de las cuales podemos aprender. Todos experimentamos decepciones, nos hemos frustrado con algunos líderes y nos hemos sentido en algún momento traicionados por personas a quienes amamos y nos aman. Pregúntele al Maestro al respecto. Creo que podemos coincidir que su Curriculum Vitae tiene suficiente material para enseñarnos acerca de este tema.

Finalmente, debemos reconocer que los líderes siempre estarán expuestos a críticas injustas, faltas de respeto, burlas, fraudes y calumnias. Pero liderar no es una opción cuando Dios nos ha llamado a influenciar una cultura necesitada del evangelio. La obediencia no es negociable para el discípulo de Cristo. Por esto, cuando sientas que tus líderes fallan, ¡ánimo!. Dios siempre nos pone alrededor de gente que podemos ayudar a crecer y desarrollar. No dejes que las circunstancias que te frustren, paralicen o congelen. Cuando te sientas herido, llora y desahógate. Derrama unas lágrimas y permítele al Gran Pastor y Señor de señores que sane tu corazón. Recuerda lo que Don Quijote dijo a su amigo Sancho: "Si los perros ladran es porque estamos avanzando." Más importante aún, Jesús dijo: "En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo." Juan 16:33



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